
Las ruedas de prensa se han convertido en el nuevo "pan y circo" de la plebe. El periodismo deportivo está adoptando el papel de enemigo del propio periodismo. La "high society" periodística se jacta de sacar los mejores titulares, las frases más ácidas y el trapo más sucio. Sin embargo, se olvidan de preguntar lo que verdaderamente importa. ¿Lo hacen porque buscan los dobles sentidos o porque están hipnotizados por los gurús del banquillo?
Dentro de este ring de boxeo sin sentido tenemos a un lado al "Jefecillo de la taberna". El señor Mourinho se ha convertido en el rey de los micros, vamos, en dos días manda al paro otra vez a Paco González. Soberbia, orgullo y sinceridad son las señas de identidad del hombre del chándal. Sin embargo, detrás del entrenador se esconde un hombre que nunca conoceremos. Mou es como el típico profesor borde, no lo aguantas pero te marca para siempre porque es el mejor. Por ello, si eres un ganador, ¿es necesario sacar la escopeta y hacer el trabajo sucio?. Sí, trabajo sucio porque él mismo es el que pone los titulares y dirige el camino de la portada de mañana.
Al otro lado, tenemos a un peso pesado, al "Filósofo del pan tumaca". Pep Guardiola es probablemente el señor que mejor sabe llevar un traje en este país y el único capaz de morderse la lengua cien veces por minuto. Domina la ironía como nadie y sabe manejar los tiempos. Su relación con la prensa es propia de un amor adolescente. Ahora sí, luego no y mañana ya veremos. A pesar de eso, los periodistas adoran sus largos discursos conciliadores donde cuenta dos cosas y veinte historias de amor con sus rivales.
Mientras se da esta lucha de titanes, los periodistas observan incautos cómo dos personas que no han pisado una facultad de comunicación en su vida les hacen el trabajo sucio. Vaya, cuatro o cinco años haciendo el canelo para que vengan dos prepotentes a ponerte en tu sitio.
Hay quienes dicen que los verdaderos boxeadores son los periodistas por meter derechazos a destiempo y otros, que se quejan del complejo de estrellas de algunos entrenadores que se empeñan en hacer uso de la prensa a la carta.
En esta historia de héroes y villanos no acaba ganando nadie. Pierde el lector, la prensa y el fútbol.





